martes, 7 de septiembre de 2010

Aprendizaje

-No sueltes mi mano.
-No la soltaré.
-Júrame que esto no es ninguna de las falsas promesas que siempre se hacen.
-Te lo juro. Confías en mí, ¿no?
-¿No debería hacerlo?
-No empieces con tus preguntar retoricas, por favor.
-Es cierto. Perdóname. Además, ya me lo has prometido.
-Si.
-¿Cuánto va a durar esto?
-Hasta que tu lo decidas.
-Pero...yo no puedo hacer nada.
-Te equivocas. Puedes sacarnos de aquí con solo pernsalo.
-¿Como?
-Eso está en ti.
-Estoy harta de que siempre me diga eso. Quiero respuestas.
-¿Otra vez has olvidado? Si yo quisiera podria soltarte ahora mismo.
-No lo harás.
-¿Como puedes saberlo?
-Lo prometiste. Además, yo no quiero.
-Si tan segura estás...ya no deberia haber peligro.
-Suéltame.
-Me hiciste jurar que no lo hiciera.
-Pero no puedo obligarte a estar a mi lado y protegerme todo el tiempo. No puedo retenerte. Eres libre de elegir si seguir acompañandome o no. Ahora sueltame. Nos veremos en el camino.
-¿Como estas tan segura de que te acompañare?
-Es fácil. Sé que no puedes vivir sin mi.


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